A la mañana del sábado todos los telefónos sonaron, de maneras distintas, por whatsapp, llamadas, alarmas, twitters, etc. por el anuncio de la ex presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, de no bajarse de la fórmula presidencial, sino sentarse en la segunda butaca de la misma.

La aparición de un increíble Alberto Fernández en el primer lugar de la candidatura presidencial de la que ella integra como vice generó sorpresa, expectativa, y múltiples excusas para decir que estuvo genial como para sostener que es una locura.

Para los primeros, entre los que aparece picando en punta Sergio Massa, la aparición del otro Fernández, no Aníbal, fue una gran noticia para promover la unidad del pan peronismo, del cual el propio Massa se fue tras suceder a Alberto en la jefatura de gabinete de Cristina Fernández en la etapa posterior de la pelea contra el campo.

El aplauso, sonoro o tenue, según el gobernador que toque declarar, pone a la principal fuerza opositora bajo revisión por las libres interpretaciones que se hacen de la sorpresiva, pero aún inocua, decisión del sábado a la mañana.

Todos los peronistas hablando entre sí, cuando hasta ayer nomás eran el diablo o Dios, según las veredas escuchadas, más la ambigüedad de Roberto Lavagna y los progresistas que quieren apoyarlo hacen que el gobierno, en una situación de extrema debilidad hasta ayer nomás, aparece como el espacio más racional en la actualidad.

Además, Cambiemos, por más que aún Mauricio Macri es el candidato ratificado, puede jugar hasta último momento con un cambio de expectativa política al cambiarlo por María Eugenio Vidal si fuera necesario. Esto, más la tranquilidad económica provocada por un mes sin variaciones de peso en el dólar, riesgo país o inflación, podría ayudarlo a revertir las pésimas expectativas políticas y electorales.

Esta noticia mueve todo de tal forma que, más allá  del beneplácito de los intendentes, por ejemplo, podrían ser estos los primeros en perder porque como “la señora ya cedió y demostró que “puede bajarse”, ellos también tendrían que deponer la supuesta intransigencia por ungir a uno propio como candidato a gobernador a manos de Axel Kircilof, quien mide más que todos ellos.

Sigiloso, a quien tendrían todos que mirar en este momento es a Máximo Kirchner, casi una reencarnación de su padre, el diseñador de la Concertación Plural, en la que luego era obligatorio pensar igual.

El diputado nacional es el único que puede influir en su madre, igual que lo su hacía su padre cuando el propio Massa denunció el doble comando. Y es quien también puede sentarse con todos los sectores sin decir que maneja el poder de ese sector.

Así, puede escuchar a troyanos y espartanos y resumírselo a la madre sobre qué es lo que más le conviene. ¿Llegará en algún momento el consejo que se baje? ya que es de público y notorio que, mientras ella se esté, la unidad del peronismo es una quimera.

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