Finalmente, Gustavo Menéndez será presidente del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires el mes próximo. Pero desde antes, hace dos años quizás, que vio la veta para transitar el desierto que todo el peronismo supone por lo menos un par de elecciones fuera del poder nacional y provincial.

Menéndez, actual intendente de Merlo, nunca tuvo límites para sus deseos. Primero, para reemplazar al cuasi tirano local Raúl Othacehe. Ahora para conducir el peronismo.

Todos recuerdan su caminar por cuanta oficina podía abrirle la puerta sin que Othacehe lo vetara. Unión

Pro, a través de su antigua amistad con la gobernadora María Eugenia Vidal, el Frente Renovador, de Sergio Massa en su esplendor fueron algunos de los espacios políticos por los cuales siempre pidió pista para competir.

Ahora, ya ganador, cuando lo dejaron competir en igualdad de condiciones por su Merlo, se lanza a la búsqueda de otra meta: la provincia de Buenos Aires y, si puede, la Presidencia de la Nación.

Visitador frecuente del Papa Francisco, supo instalar temas que le afligen al pontífice para posicionarse, como cuando concitó cientos de firmas oficiales, inclusive de intendentes de todos los partidos, para la firma del decálogo de buenas intenciones conocidas como el Pacto de San Antonio de Padua.

Sin competidores a la vista, preocupados por sus gestiones locales o en caída libre, Menéndez empezó a caminar para despegarse de Cristina Fernández de Kirchner apenas terminó la elección de octubre pasado, en la que la acompañó. Lo intentó antes, armando el Grupo Esmeralda, pero la mayoría de los intendentes, él incluído, desistieron.

Por decisión personal y espanto a quien se le podía oponer, el ex intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, la mayoría de los alcaldes peronistas decidió acompañarlo. Y se da el lujo de invitar, como a uno más, a Sergio Massa, otrora imán de los flashes y las cámaras del pan peronismo.

El futuro dirá que rol le cabrá en la reconstrucción del peronismo, si la supuesta unidad sellada será tal más allá del año próximo y hasta cuando seguirá manejando Merlo. Lo cierto es que “el Tano”, como se lo conoce, nunca le temió al qué dirán.

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