MIRAR AL CENTRO… ¿ALCANZA?

A pesar de las buenas intenciones, las expectativas de que conformen una nueva alianza, que se podría llamar Todos Juntos, con o sin inclusivo, como los públicos lo prefieran, choca con los miedos de los que están en el poder de volver al llano.

Sergio Massa, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Gustavo Béliz, Emilio Monzó, los intendentes de todos los signos, casi todos los gobernadores, es decir, “Todos Juntos”, quieren ayudar a sus respectivos espacios a ampliar sus fronteras hacia los no alcanzados por los ultras de cualquier especie.

A simple vista, como siempre hemos dicho, personas que si uno los invita a un cumpleaños los sentaría en una misma mesa. Hasta Alberto Fernández, cuando no hace cosas para quedar bien con Cristina Fernández, también podría estar ahí.

Pero la lógica, las intenciones, las ganas, siempre chocan contra el frontón de la realidad.

Les pasó a los miembros de Cambiemos que querían incorporar no sólo a Massa sino a una no mensurada cantidad de dirigentes a un espacio más amplio. Mauricio Macri, el extremo, no quiso.

Ahora parece ser que le sucede a Massa. Trata, a veces con el acompañamiento explícito del presidente, otras no tanto, de incorporar a los gobernadores “no alineados” de Neuquén, Río Negro, Misiones y Chubut.

Pero la lógica dispuesta desde el poder central, o de quien conduce los lineamientos generales, siempre es la misma. Antes y ahora. Que sea sin condiciones. Que se vistan de amarillo, en aquel momento, o de azul – celeste, ahora.

Pero las cosas no funcionan así. El policroma es indispensable para conseguir las adhesiones.

El presidente de la Cámara de Diputados ha empezado desde hace tres semanas a ponerse detrás de sus referentes directos en el gabinete nacional. Lo que podríamos llamarlos las 4M, por Malena Galmarini, Mario Meoni y de Mendiguren, Ignacio. + Massa.

Sin embargo, algo siempre pasa. Este fin de semana, luego de una sucesión de reuniones con gobernadores e intendentes, Meoni había dispuesto la vuelta de los vuelos en el Aeropuerto de El Palomar. Los gremios y Máximo Kirchner dispusieron que no. Y, por supuesto, no volverán.

En el Congreso, hay claramente una división en los pasillos. Los que van al Senado saben que nada se puede discutir ni hacer, no sólo porque ahí el oficialismo tiene mayoría, sino porque la vicepresidente no lo quiere.

En cambio, los que deambulan por los salones de Diputados saben que siempre hay un lugar para negociar y debatir cambios, desde los protocolos de las sesiones hasta los expedientes ingresados.

Sería mucho más sencillo si los que saben que la situación del país no da para extremismos ni debates anacrónicos se animan a pagar el costo de la foto incómoda. Como todo, siempre duele la primera vez, aunque todos los del medio han dialogado y estado juntos en alguna otra oportunidad.

Algo así hablan los intendentes de la Provincia de Buenos Aires, mal que les pese a La Cámpora o a Patricia Bullrich, “los dueños de los votos”, no porque los tengan guardados y los saquen cuando quieran, sino que su territorialidad les genera mayor grado de empatía, cercanía y asistencia entre el reclamo y la solución.

Los intendentes del frentetodismo y los cambiemistas ya comparten grupos de wats app como si fueran una nueva fuerza política transversal, en la que se discuten no sólo decisiones adoptadas en los diferentes niveles nacional o provincial, sino hasta se consultan por la utilidad o no de generar una corriente absolutamente bonaerense, ajena de la “penetración” porteña impulsada por el Instituto Patria o el neomarcrismo de Horacio Rodríguez Larreta.

Por supuesto que en estos grupos también se preguntan y debaten sobre la ley que impide nuevas reelecciones a los que ya tienen dos mandatos consecutivos y otros temas más antipolíticos. Pero que dialoguen con frecuencia, mucho más de lo que hacían cuando Vidal, Massa y los intendentes eran aliados contra los ultras, es un gran paso.

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