MASSA VUELVE, PERO NO CONDUCE

Desde 2015, los concejales de Sergio Massa que sobrevivieron en sus bancas tras el debacle electoral empezaron a pensar sobre su futuro, el valor de sus acciones, léase sus manos a la hora de votar un proyecto de interés del oficialismo de turno, y cómo mantenerse más o menos conectado con el wats app más activo de Tigre.

Un rápido recorrido por el conurbano revela que en la mayoría de los distritos, salvo donde existen cuestiones personales preexistentes con los intendentes, los ediles que aún dicen representar al Frente Renovador suelen mantener una excelente relación con el oficialismo de turno, sea de Cambiemos o peronistas.

Es cierto que cuando el distrito es peronista, los concejales renovadores se sienten más cómodos que cuando los oficialismos pertenecen a Cambiemos. Aquí suelen verse involucrados en acuerdos puntuales, relativos con algunos proyectos, pero no tan activos como en Moreno, La Matanza, Malvinas Argentinas y Merlo, para mencionar algunos ejemplos.

En Tres de Febrero, como ya se dijo en otra nota, los renovadores votan la rendición de Cuentas, bajan interpelaciones y acuerdan cargos. En Escobar su máximo referente es funcionario del ejecutivo peronista. En San Martín no se animan a tanto, pero se abstienen cuando quieren votar en contra.

En San Isidro, donde la referencia massista está en su familia política, los Galmarini, esta semana trabajaron en favor de Gustavo Posse al abstenerse en una votación clave: el cambio del presidente del Concejo Deliberante, que estaba conducido por un antiguo aliado del jefe comunal pero que ahora se había distanciado. La abstención del Frente Renovador favoreció para que Andrés Rolón reemplazara a Carlos Castellano.

Extrañamente, Massa dejó a la deriva su propia construcción, derivada desde su triunfo electoral de 2013. Y nunca pudo superar su dilema de volver o no al peronismo formal al que lo empujaban una parte importante de su estructura.

La actualidad lo ve junto con intendentes de buena imagen pero poca palabra, como Ariel Sujarchuk. Con otros serios y con tiempo, como Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas, y con el teléfono permanentemente abierto para uno de sus primeras apuestas, aunque luego lo se fue: Gabriel Katopodis, de General San Martín.

Cuando se discutió la posible separación del municipio de La Matanza en cinco distritos, Massa se puso del lado de los ultrakirchneristas Fernando Espinoza y Verónica Maggario, a quienes recibió hace una semana en su casa y luego le mostró el Centro Operativo Tigre, el lugar donde dio una muestra de cómo se puede combatir la inseguridad.

Los intendentes y dirigentes que lo ven le proponen ser gobernador, con Cristina Fernández de Kirchner como candidata a presidente, o que participe de una Interna Abierta contra ella. Ninguna de las dos ideas lo convence, aunque en privado diga que una PASO lo vería victorioso frente a la ex primera dama.

Graciela Camaño, su “madre” política, hace de nexo con Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta con pretensiones presidenciales. Pero hasta ahora no hubo ningún avance concreto.

Los distritos con mayor cercanía política y afectiva, Tigre y San Fernando, han mostrado también algún atisbo de independencia. La pelea que se transformó casi personal entre su esposa, Malena Galmarini, con el jefe comunal de su partido, Julio Zamora, hizo que siempre tenga que mantenerse prescindente, aunque eso afectara sus propios intereses.

“Si no podés conducir y convencer a tu persona de mayor confianza, como lo es tu esposa, cómo pretendes influir en intendentes y gobernadores que ya te conocen”, fue la lacónica expresión de un dirigente que lo quiere.

Y en San Fernando, Luis Andreotti lo cree uno de los más importantes políticos de la actualidad. Pero siempre decide según su conveniencia, que a veces coinciden, y otras no.

Massa sabe que su electorado está hoy cooptado por el oficialismo, y por eso no puede impulsar tan vehemente por su fracaso. Y que a pesar que su ejército esté poblado de peronistas, los cuales no tiemblan a la hora de acordar con el kirchnerismo más furioso, él no puede darse el lujo de aparecer ni cerca. De nadie.

Su viaje a Davos con Mauricio Macri fue algo que le facturó el peronismo. Pero su foto con Máximo Kirchner y Axel Kicilof en aquella discusión por Ganancias, se lo cobró toda la sociedad.

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