En un marco de debilidad política, y con un halo de progresismo a cuesta más allá que nunca se contaban sus exabruptos y atropellos de su vida en Santa Cruz, el kirchnerismo había planteado la necesidad de ampliar su base de sustentación política con la incorporación de actores ajenos a su prosapia, como progresistas y radicales.

En esos momentos apareció la Concertación Plural, en la que tiempo después todos estaban obligados a pensar igual.

Aquel proceso ponía en el mismo envase a peronistas ultra ortodoxos con ex frepasistas y radicales que rozaban el vecinalismo, no siempre progresista. O se los podía calificar así a Julio Cobos, Ricardo Ivoskus, Gustavo Posse o Enrique García?, entre otros dirigentes participantes junto con sí progresistas filo comunistas como Martín Sabbatella o peronistas como Chacho Alvarez.

A cada uno se le buscaba una identidad y participación que compensaba con los que pretendían llevar al kirchnerismo hacia el peronismo. Así, Raúl Othacehe, Hugo Moyano, José Manuel De la Sota y Sergio Massa, además de los ya nombrados, podían convivir tranquilos y sin traumas.

De pronto, algo empezó a cambiar. Primero en 2005, cuando se sacó de encima a la familia Duhalde, y mucho más rápido tras la derrota de las candidaturas testimoniales en 2009 de Néstor, Daniel Scioli y Massa. Este último ya había comenzado a sondear entre intendentes la posibilidad de una independencia política que recién vio la luz en 2013 junto con el PRO y Felipe Solá. Eran tiempos de Cristina Fernández de Kirchner cayendo abruptamente tras haber ganado las elecciones dos años antes de manera contundente.

Hoy parece que todo vuelve a ese primer intento. Y uno de los motorizadores, luego de recorrer todo el espinel peronista, fundamentalmente el del conurbano bonaerense, fue Máximo Kirchner, en algunos momentos una reencarnación de su padre por lo práctico y persuasivo.

De otra manera no puede comprenderse la decisión adoptada por su madre, Cristina Fernández, quien relegó su candidatura presidencial para ser vice. Y no pocos creen que también puede salir de esa fórmula dentro de poco tiempo.

Así, Máximo le dio la razón a todos los que hablaron con él en los últimos tiempos y la ex presidente lo ratificó. Pensaba en bajarse y ser más amplia.

La duda que se abre, inexorable, producto de las experiencias de Néstor y de Cristina, es cuál será el final. La de una pluralidad que se extinguió ante el primer triunfo, como el de 2005, o del 2011, donde el vamos por todo encogió aún más el armado inicial.

Sus antiguos aliados o empleados no parecen, por ahora, con la fuerza suficiente para torcer definitivamente un destino que aparece prefijado. El de repetir los sectarismos del pasado.

Uno de los amigos del candidato a presidente Alberto Fernández, viejo dirigente provincial, cree que intendentes, gobernadores y movimientos que volvieron al Instituto Patria deben empoderarse del primer cambio para forzar el definitivo. El de la consolidación de un peronismo republicano y democrático, lo que para algunos es aún un oximorón.

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