La provincia de Buenos Aires está a punto de volver a ser peronista. O lo que Axel Kicilof interpretará del peronismo.

Los intendentes que unificaron personería entre Unidad Ciudadana, Frente Renovador y vecinalistas ubicuos, serán los que garanticen los votos que podrían ungir al ex ministro de Economía como gobernador de una provincia que nunca pisó y mucho menos vivió.

La maldición bonaerense de no tener un dirigente propio en su conducción surge de la decisión política de su último conductor, Eduardo Duhalde, quien le imponía un claro límite a todos los intendentes mientras él era gobernador.

“Compañero… Mire que nuestro límite es la General Paz. Nadie va a la Casa Rosada sin autorización” le dijo a un sorprendido intendente que recién asumía en su mandato cuando él ya iba por su reelección.

Es por eso que jamás creció nadie de esa fuerza política. Cuando sabía que su tiempo había expirado, y pretendía reemplazar a Carlos Menem en la presidencia de la Nación, Duhalde designó a un porteño para reemplazarlo: Carlos Ruckauf, a quien hizo acompañar por otro filo porteño, de la sociedad rural como Felipe Solá, que si bien era bonaerense, poco o nada había transitado por estos lares.

Después vino Daniel Scioli, que llevó hasta el extremo esta sensación de orfandad bonaerense. En un día de confesiones, su jefe de gabinete, Alberto Pérez, al ser consultado sobre la abundancia de porteños en los ministerios, dijo lacónico: “es que nos habíamos preparado para gobernar la ciudad… No queríamos estar acá. Nos lo pidieron”.

La misma sensación parecen tener ahora con Axel Kicilof. Porteño hecho y derecho, jamás se imaginó transitar como candidato a gobernador de peronistas a los que casi no conoce y que sienten para con él muchos prejuicios de origen.

“Ya bastante tenemos que aguantar que todos los ministros de María Eugenia Vidal nos atiendan en capital, y además son todos jupies”, sostuvo otro jefe comunal que deseaba, desde siempre, que la candidatura del peronismo bonaerense lo decidieran en este territorio y no desde el Instituto Patria.

Mientras cierra esta edición, media centena de intendentes y precandidatos de las más importantes localidades del Conurbano e interior se reunían con Kicilof para saber su pensamiento y, de paso, sacar algunas fotos que dieran la impresión de una unidad de acción.

Con antecedentes y recuerdos muy recientes, todos saben que el camino juntos será tortuoso, y que sólo la necesidad de una victoria podría provocar alguna empatía. La misma que dejaría de existir si pierden o, como suponen, a partir de su victoria pasará a ser un verdadero vigilante de cada una de sus administraciones.

Basta con conocer las opiniones de varios de los protagonistas de una ostentosa foto que se sacaron el miércoles de esta semana junto con Kicilof, Sergio Massa y los intendentes del peronismo bonaerense.

Sólo fue eso. Una foto y levantada de ánimo para una tropa que debe apurar la reparación de heridas. La Unidad y la imperiosa necesidad de su búsqueda y concreción fueron los ejes de los discursos de los que hablaron en la oportunidad.

Es que ya saben que es difícil pegar materiales de distinta consistencia y origen.

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