LA DIRIGENCIA CADA VEZ MAS EN EL AIRE

Los políticos, funcionarios y allegados confirman el grado de burbuja que tienen con respecto del resto de la sociedad que sufre la pandemia del COVID 19 y la cuarentena que dispuso el gobierno nacional para aplanar la aparición del pico de enfermos.

Nadie sinceramente analiza por qué tenemos cuarentena y parálisis laboral. Como tampoco existe una línea única para combatir una enfermedad que nadie conoce. Cada uno aplicó un instructivo diferente y tuvo resultados distintos.

Sin embargo, desconocer que nuestro país no tenía una estructura sanitaria mínima para contener la pandemia y que la economía estaba sumergida en una informalidad extrema es un buen comienzo para apaciguar las miradas extremas que se suman cada vez que estamos más afligidos por la doble Nelson que genera la crisis económica y la posible expansión de la pandemia.

Quienes tienen un sueldo seguro, y suculento, no se dan cuenta que muchos otros se están jugando la vida sin encontrar un solo ejemplo de su parte. Un Poder Ejecutivo, nacional, provincial o municipal que trabaja a un 20% de su personal, aún no se detuvo en repensar qué les alcanza y les sobrará en el futuro para operar, reducir costos fijos, que provocarán una necesaria rebaja en los impuestos que cobran a los pocos que todos los meses pagan.

Las legislaturas, de todo el país, inclusive los concejos deliberantes, no sesionan salvo honrosas excepciones. Sin embargo, no tienen ningún problema para pagar sueldos de todos los que no están yendo a su lugar de trabajo ni analizan un expediente y mucho menos proponen una idea para salir de la crisis.

El oficialismo está cómodo con esta situación. Pero lo lamentable es que en la palabra “oficialismo” se debe incorporar a todos los que ejercen la conducción de un Ejecutivo. Presidente, Gobernadores e intendentes, en distinta medida “oficialismos”, están más que cómodos siendo los únicos que hacen apariciones públicas, se muestran preocupados y ocupados ante la pandemia y acaparan todos los lugares de la opinión pública.

Entonces, cuando se observa la discusión sobre la necesidad de sesionar en el congreso nacional, las posturas se rozan y se mezclan con la hipocresía, los intereses y el deseo de que el otro no se exprese tan abiertamente.

Pero, cuando uno nota que los deliberativos municipales tampoco convocan para discutir lo que pasa en sus municipios, nos damos cuenta que la idea de “no discutir” atraviesa todos los partidos políticos.

Mientras tanto los profesionales de la salud siguen pidiendo que no los aplaudamos más sino que los cuiden, con instrumental y vestimenta, con mejores condiciones para que no sigan infectándose.

La gran diferencia entre ellos y la política es que los médicos no pueden elegir entre trabajar o no. La dirigencia sí.

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