LA CAMPORA, DE CONTAR FUTUROS INTENDENTES A LA TRINCHERA DE LA TERCERA

Alberto Fernández elije la relación que más le rindió a Néstor

De a poco, sin darse cuenta, la supuesta fortaleza de Cristina Fernández de Kirchner en el conurbano cada vez es más chica. Tal cual lo viene expresando Sentido Común, la historia del “Rey está desnudo”, cada vez se nota más. Falta que alguien se anime a decirlo.

Hoy su mayor y más fiel referencia, Máximo Kirchner, sólo puede contar como “su fortaleza” a la zona sur del Gran Buenos Aires y así y todo, en algunos lugares, tiene que entrar pagando un “alquiler” a los caudillos locales que entran y salen de esa comodidad que les da ser los más fuertes aliados del kirchnerismo provincial.

Tal cual también se dijo, nítidamente, se observa que son los intendentes de la Tercera Sección Electoral los que mejor “cobran” cuando hay algún lugar por llenar dentro de las administraciones nacionales o provinciales.

Todo está bajo discusión. Sin embargo, los aliados de Alberto Fernández dentro del Frente de Todos están esperando dos cuestiones para asegurarse que sólo recibirán será el fuego amigo.

Una, la vacuna. La otra, la incipiente reactivación que se verifica en pequeñas actividades que repercuten en el siempre traumático conurbano bonaerense.

En el último cambio del gobierno nacional, sin embargo, se mezclan dos cosas. Un ultra kirchnerista que en los últimos meses quedó con un gusto amargo con Máximo Kirchner, Jorge Ferraressi, fue puesto en el ministerio de Hábitat y Vivienda por una decisión de Alberto Fernández, que no podía tener el veto de Cristina Fernández de Kirchner.

Emanuel González Santalla, el senador que La Cámpora tiene en Avellaneda, le empezó a hacer la vida imposible al jefe comunal, hoy nuevo ministro. Ferraressi no lo entiende, pero sucede.

De a poco, Fernández, el presidente, empieza a construir lo que hizo de Néstor Kirchner para transformarse en el dirigente con más peso territorial y le permitió destruir políticamente a Eduardo Duhalde. De a poco, está consiguiendo una relación directa con los intendentes del Conurbano, algo que el Instituto Patria ya descontaba como su fortaleza inexpugnable.

Además de los guiños y gestos, como la postura en favor de un mandato más para los intendentes que no pueden ser reelectos por la ley aprobada por el impulso de la dupla María Eugenia Vidal – Sergio Massa en 2016, el presidente está recibiendo, de a uno o en grupos pequeños, a los intendentes y los escucha.

Axel Kicilof, el gobernador que no habla con casi nadie en términos de políticos, está en una situación incómoda y se encontró, de pronto, que quien más lo empodera es el presidente con los fondos que le destina, como fue la quita de recursos a la Ciudad de Buenos Aires.

Además, a los jefes comunales, les pide “hablen con Axel”, pero de manera casi paterna, y no sacándoselos de encima. Algo que el propio gobernador no escucha tan seguido de la vicepresidenta, y mucho menos de su hijo, con el cual hoy la relación es muy puntual. En Olivos y en varios despachos de la Casa Rosada también expresan cierta tirantez con Massa. No entienden, o sí y de ahí las dudas, por qué el titular de la Cámara de Diputados prefiera darle la derecha más seguido a Máximo que al propio presidente.

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