Los dichos del ministro de Salud Daniel Gollán y el mini discurso de Axel Kicilof el sábado desnudaron más las contradicciones y conflictos más ideológicos que sanitarios.

El viejo dicho popular, “nunca hay que escupir para arriba”, se empezó a cumplir. Dicho de otro modo, nunca acuses o denuncies aquello por lo que también podrás pecar o padecer.

Esto le pasó al gobierno de la provincia de Buenos Aires que, aunque quiera disimularlo, sigue como propio el pensamiento de la vicepresidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, que desde siempre quiso quitarle fondos y propuso como enemigo a Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de gobierno porteño, hoy virtual aliado presidencial.

Hace una semana, este medio publicó la nota ya alertando lo que podía suceder. También se recordó las responsabilidades políticas y sanitarias de los intendentes que habían alzado su voz reclamando el cierre de la circulación desde y hacia capital federal.

La aparición de casi una centena de casos de COVID ’19 en Villa Azúl, en el límite de Avellaneda y Quilmes, deja en claro que no pasa ni por clase social ni por cercanía con la capital federal. Ninguno de los infectados estuvo ni cerca de la General Paz para contagiarse. Pero mientras se denunciaba “el calor de la enfermedad” en las villas porteñas, el gobierno provincial no había dispuesto ningún procedimiento para coordinar la acción en esos lugares.

La primera iniciativa concreta fue en Lanús. Desde el municipio que conduce Néstor Grindetti no lo dicen, pero fue por la presión ejercida por este y su trabajo previo que se pudo contar con la ayuda provincial para convertirlo en un caso testigo. Después siguieron el resto de los trabajos realizados en General San Martín, La Matanza y Quilmes.

En el transcurso del día de hoy, Axel Kicilof le sumó otro aspecto a la polémica ya iniciada por la policía provincial que conduce Sergio Berni. “Vamos a realizar cierres comunitarios también en los barrios privados si es necesario”.

Ayer hubo una resonante protesta por Tigre promocionada por los vecinos de los barrios compuestos por los emprendimientos urbanos realizados en la zona de Villanueva y aledaños al que se sumaron el resto de los habitantes de otros similares, incluído el “Barrio Pueblo” Nordelta.

En el municipio de Tigre circunscribieron la reacción vecinal a ese mensaje de Berni. Si bien es cierto que distritos vecinos ya han autorizado salidas localizadas dentro del barrio, en el municipio que administra Julio Zamora aún no lo habían echo pero tampoco había policías vigilando todo.

“Esto explotó por lo de la policía… Nosotros veníamos hablando con todos los barrios”, dijeron fuentes municipales que no podían entender semejante reacción aunque al conocer su público lo preveían. “Cualquier chispa iba a provocar esto”.

Kicilof viene provocando la calma política desde hace rato. No es un hombre de muchos silencios, pero las reacciones de la vicepresidente pueden fundamentar por qué el sábado, delante del presidente de la Nación y el alcalde porteño, le reprochó durante 20 minutos a las gestiones anteriores, fundamentalmente a María Eugenia Vidal.

El gobernador es parte de una fuerza política que viene gobernando, con interrupciones globales de 6 años, desde 1989 hasta la actualidad. Casi treinta años, en las que los barrios provisorios, de emergencia o como se los quiera denominar creció desproporcionadamente. Casi el 75% de estas precarias viviendas se desarrollaron desde la década del ’90 y tuvo un pico a partir de 2001 y otro menor en 2010.

“Esto será un día a día. De parte nuestra no tendrán un enemigo ni un opositor serial, aunque tampoco nos callaremos nada”, dijo uno de los intendentes de Juntos por el Cambio que suele hablar mucho con el presidente de la Nación.

Mientras discurseaba Kicilof, Alberto Fernández hablaba con Rodríguez Larreta y, cuando el gobernador lanzó su mini discurso, es visible su fastidio. Inclusive meneó la cabeza, muy parecido a lo que hizo Gabriel Katpodis cuando Mauricio Macri inauguró, en septiembre pasado, el metrobus de San Martín. 

Habrá chances de recomponer la cordura y el cese de fuego hasta el fin de la pandemia?… Difícil. Máxime cuando es el propio gobierno, más allá que quieran circunscribirlo a un sector, siembra dudas con reformas judiciales, económicas y fiscales que nada tienen que ver con la urgencia del COVID’19 por el cual todos están confinados en sus casas.

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