EL PERONISMO BONAERENSE DEBE CESAR SU CONDUCCION PARA QUE ASUMA MAXIMO

EL FRENTE DE TODOS SE TENSA PERO NO SE PARTE…

La discusión por la presidencia del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires, que Máximo Kirchner aspira asumir en el mes de marzo del año próximo para desde allí definir buena parte de la estrategia electoral y la nómina de los candidatos del Frente de Todos es un capítulo más en la negociación permanente y nunca resuelta desde el mismo momento de su creación, a mediados del año pasado.

A esta decisión del hijo de la vicepresidente se le atravesó la postura de Fernando Gray, quien el año que viene debe volver a asumir como presidente del peronismo provincial hasta fin de año.

Grey es, además, intendente de Esteban Echeverría. Y los intendentes no se llevan muy bien con Máximo Kirchner y La Cámpora. Disienten en todo. Desde su relación con el poder nacional y provincial hasta las decisiones por los territorios, la conducción de la Federación Argentina de Municipios, la suspensión o no de las PASO y la reinterpretación legal de la ley que limita nuevas reelecciones para los jefes comunales y el sentir sobre el propio gobierno peronista.

La idea que el joven heredero de dos presidentes argentinos conduzca al peronismo de la Provincia de Buenos Aires nació el mismo día que los gobernadores impulsaron al presidente Alberto Fernández para la conducción nacional partidaria.

El PJ nacional tiene las autoridades con mandato vencido y permanecen en sus lugares por cuestiones judiciales y con la excusa de la pandemia. Entonces, se había propuesto el mes de marzo para la asunción de Fernández como líder del peronismo nacional.

“Si asumo yo no estaría mal que lo haga Máximo al mismo tiempo”, había aceptado el presidente, cuya función principal es la de equilibrar permanentemente las cargas internas para que el frente que lo llevó al poder no se rompa. Aunque eso desanime a todos los que cuentan con su apoyo para pelear en paridad política, sin temor a represalias, contra el Instituto Patria.

Es que ante cada conflicto, es la vicepresidente la que impone condiciones y termina ganando la discusión.

Sin embargo, el presidente se olvidó del detalle que él debería asumir sí o sí lo antes posible. Pero Máximo K debería esperar hasta fin de 2021, cuando finalizan las autoridades en funciones de la provincia.

Gustavo Menéndez, intendente de Merlo, y Grey se alternan, un año cada uno, en la presidencia. Esa decisión, que se configuró en el apogeo de Cambiemos en la Provincia, hace tres años, tuvo al jefe de La Matanza, Fernando Espinoza, como la otra pata acuerdista al presidir el congreso partidario.

Ahora Espinoza pretende también presidir el peronismo bonaerense. Pero no será un obstáculo para los deseos del jefe de La Cámpora con el que conviven y se benefician tirándose permanentemente con el poder que detentan. El diputado con los votos que hereda de su madre, y el intendente con su territorio, el arma principal para que el peronismo se mantenga en el poder.

En 2009, cuando Sergio Massa empezó a garabatear el Frente Renovador, se comprobó el poder territorial y político de los jefes comunales. En aquel momento todos obtuvieron ellos obtuvieron más votos que la lista encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli, el propio Massa y Nacha Guevara.

Llamativamente perdieron contra Francisco De Narváez y Mauricio Macri, que lo apoyó con su tropa provincial. Por cada diez votos que sacaban las listas locales, las nacionales del peronismo obtuvieron seis o siete, en el mejor de los casos.

Esa realidad no se modificó y elección tras elección ese fenómeno fue ratificándose salvo en los lugares donde los intendentes peronistas se jugaron por opciones alejadas de su propio oficialismo o el camporismo los hizo peligrar presentando una lista opositora. En esa división casi pierden contra Cambiemos.

Diez años después de ese proceso los intendentes peronistas parecen no poder consolidar más allá de sus comunas semejante poder.

Para que esto suceda también contribuyen las acciones zigzagueantes de varios de sus miembros que mantienen consolidadas alianzas con el ultra kirchnerismo y el propio Massa, que ahora se siente muy a gusto con sus antiguos rivales. Hartos, algunos ya empezaron a hurgar por una reconfiguración de aquella renovación frustrada. Lo que tendrían que acertar es en el momento, porque el ideal, al que anhelan, nunca aparece.

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