CAMBIEMOS: LE DIERON EN LA LÍNEA DE FLOTACIÓN

Desde el inicio de la gestión de Cambiemos se advirtió en este medio que la consistencia política del oficialismo se basaba en el contraste con Cristina Fernández de Kirchner, la expectativa de futuro y los hechos paradigmáticos de la gestión en búsqueda de la transparencia y la calidad institucional.

Después de más de dos años de gestión, y a pesar de haber ganado las elecciones de tiempo intermedio, sólo le quedó uno de esos tres ejes que le permiten proyectar alguna posibilidad electoral, potenciada por la división del peronismo entre los “moderados” y los “ultras”.

Parece que el gobierno no se da cuenta de quién es el receptor de su mensaje. Habl de Educación pero los docentes están que trinan. Quieren mejoras institucionales y laborales, pero los gremios, de todas las actividades muestran el descontento de sus representados, a los que se les achica su salario en comparación con los bienes y servicios que consume.

Así las cosas, el escándalo de los aportantes truchos en la campaña de Cambiemos terminó con la última esperanza. “No estamos bien, no sabemos el rumbo, pero por lo menos son honestos”. Esto también ahora está en duda.

En los inicios del gobierno de Cambiemos se conoció el robo de dinero de la casa de la vicepresidenta Gabriela Michetti. Luego se supo que era plata que se había juntado para la campaña. La Justicia, en pleno furor oficialista, la exculpó de toda responsabilidad por un presunto manejo fraudulento. Ahora parece que será diferente.

Cambiemos de la Provincia de Buenos Aires hizo un descalabro con sus aportantes. El colmo fue la definición del intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo, quien se denunció como damnificado porque jamás había aportado pero su nombre había aparecido.

Lo grave es la aparición de beneficiarios de planes sociales siendo aportantes, cosa que jamás podría haber ocurrido. Y el desconcierto reinó en el oficialismo.

Hacía una semana había sido nombrada María Fernanda Inza, una amiga personal de la gobernadora María Eugenia Vidal como contadora general de la Provincia. Pero por el imparable escándalo su rol de tesorera de la campaña de 2017 la puso en el ojo de la tormenta.

Todos suponen que no es la máxima responsable. Su rol aparece muy menor comparado con otros. Inza, por supuesto, no tiene exposición ni nivel político institucional.

Si bien es un gesto mayúsculo comparado con la negación sistemática que ocurría en el pasado ante cada denuncia, la resolución del conflicto no está ni cerca. Y la manera de encararlo aparece por demás errática.

Cambiemos debe tomarse en serio el sentido de su marca. Si no lo hace, la ciudadanía se lo hará saber.

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